August 2022

Marking 20 years of reforms to protect children

During a recent conversation with a longtime friend, she mentioned she had just signed up to volunteer at her parish by teaching religious education to fifth- and sixth-graders. I was overjoyed to hear that she was going to use her talent and time to pass on our faith to our youth.

When my friend told me of the multistep process she had to go through to be approved as a volunteer, I nodded my head in understanding – and waited for a complaint. Instead, she said she was impressed by and proud of her Church for its commitment to keeping children safe.

As a bishop, I was heartened to hear her words, especially when we in the Catholic Church are this year marking the 20th anniversary of the Charter for the Protection of Children and Young People. Known as the Charter, this document sets out a mandated blueprint for dioceses to follow to create a safe environment for children and vulnerable adults in our churches, schools and activities.

My friend, like all other volunteers who work with minors and vulnerable adults in the Catholic Church, had to submit to a criminal background check. She also created an account with the parish administrator of a national training program that combats child sexual abuse. She then took the training class, followed by a class on mandated reporting of child abuse or neglect required by the Illinois Department of Children and Family Services (DCFS). She also was required to read the Diocese of Joliet’s policy regarding sexual abuse of minors and vulnerable adults, in addition to the diocesan standards of behavior for those working with minors and vulnerable adults. She signed and dated forms stating she had read these policies and standards. She also filled out a volunteer application.

None of these steps is intended to discourage volunteers, but the Catholic Church is committed to creating and maintaining a safe environment for minors in all situations. All diocesan clergy and employees follow the same process, with the addition of reading monthly continuing education materials.

The Charter also puts in place a transparent and supportive process to receive and respond to allegations of sexual abuse by clergy of individuals when they were minors. The Catholic Church takes seriously every allegation that is brought forth, be it reported by an individual who suffered abuse or a third party. The first step is always the same: All allegations of abuse and/or neglect of minors are encouraged to be reported to the state child welfare agency – the DCFS hotline (1-800-25-ABUSE) here in Illinois – and the local civil authorities. Dioceses also report the allegation to these agencies, and offer the help of a victim assistance coordinator to the individual who suffered the abuse. The victim assistance coordinator listens to, affirms and connects the individual with the appropriate services. This same pastoral care is offered when the alleged abuser is deceased.

Dioceses then undertake an investigation into the abuse allegation. The same investigative process is followed when the accused priest or deacon is deceased or already listed on the diocesan list of credible allegations of sexual misconduct with minors. If the priest or deacon is in active ministry, he is removed while the investigation is ongoing and advised of his right to counsel. If public authorities conduct a criminal investigation against the cleric, the diocese defers its own investigation until that public inquiry is concluded, and cooperates fully with civil authorities.

Following the diocesan investigation, allegations against clergy not on the diocesan public list go before the diocesan review board. The Charter requires this panel to be composed of a majority of lay people not employed by the diocese and to include a pastor and a person with expertise in the treatment of minors who have been sexually abused.

The review board advises the bishop in his assessment of the allegations and the cleric’s suitability for ministry. Priests or deacons determined to have credible allegations are permanently removed from ministry and placed on the diocesan list, which is published on the diocesan website. When the allegation is found to be unsubstantiated, the cleric is returned to active ministry.

The most recent report on the implementation of the Charter – dated May 2022 – shows the impact of the Catholic Church’s commitment to protecting minors and vulnerable adults. The number of credible allegations reported against clergy nationwide has decreased from a high of 162 in the five-year period from 1970-1974 to four in 2021. I encourage you to read the report at the following link: www.usccb.org/offices/child-and-youth-protection/audits

Policies, procedures and data inform our vigilance against abuse, yet we must always keep sight of the victim/survivors. Thankfully, no new credible allegations have surfaced during my time in the Diocese of Joliet, yet I hold in my heart a mantra I learned while serving as vicar general of the Archdiocese of Chicago:  “Any decision we make should be made as if the child were in the center of the room.”

agosto de 2022

Celebrando 20 años de reformas para proteger a los niños

Durante una conversación reciente con una amiga de toda la vida, ella mencionó que acababa de apuntarse como voluntaria en su parroquia para enseñar educación religiosa a los estudiantes de quinto y sexto grado. Me alegró mucho saber que utilizaría su talento y su tiempo para transmitir nuestra fe a los jóvenes.

Cuando mi amiga me habló del proceso de varios pasos por el que tuvo que pasar para ser aprobada como voluntaria, asentí con la cabeza en señal de comprensión, y esperé una queja. En cambio, dijo que estaba impresionada y orgullosa de su Iglesia por su compromiso con la seguridad de los niños.

Como obispo, me ha animado escuchar sus palabras, especialmente cuando en la Iglesia Católica estamos celebrando este año el 20º aniversario de la Carta para la Protección de los Niños y Jóvenes. Conocida como la Carta, este documento establece un plan obligatorio que las diócesis deben seguir para crear un ambiente seguro para los niños y adultos vulnerables en nuestras iglesias, escuelas y actividades.

Mi amiga, como todos los demás voluntarios que trabajan con menores y adultos vulnerables en la Iglesia Católica, tuvo que someterse a una verificación de antecedentes penales. También creó una cuenta con el administrador parroquial de un programa nacional de capacitación que combate los abusos sexuales de menores. A continuación, tomó la clase de capacitación, seguida de una clase sobre la denuncia obligatoria de abuso o negligencia infantil exigida por el Departamento de Servicios para Niños y Familias de Illinois (DCFS). También se le exigió que leyera la política de la Diócesis de Joliet relativa al abuso sexual de menores y adultos vulnerables, además de las normas diocesanas de conducta para quienes trabajen con menores y adultos vulnerables. Firmó y fechó unos formularios en los que declaraba haber leído estas políticas y normas. También rellenó una solicitud de voluntariado.

Ninguna de estas medidas pretende desanimar a los voluntarios, pero la Iglesia Católica se compromete a crear y mantener un ambiente seguro para los menores en todas las situaciones. Todos los clérigos y empleados diocesanos siguen el mismo proceso, con el añadido de leer mensualmente materiales de formación permanente.

La Carta también establece un proceso transparente y de apoyo para recibir y responder a las acusaciones de abusos sexuales por parte del clero a personas cuando estas eran menores. La Iglesia Católica se toma en serio todas las acusaciones que se presenten, ya sean denunciadas por una persona que ha sufrido abusos o por un tercero. El primer paso es siempre el mismo: Se anima a denunciar todas las acusaciones de maltrato y/o abandono de menores al organismo público de protección del niño, mediante la línea directa de atención del Departamento de Servicios para Niños y Familias (1-800-25-ABUSE) aquí en Illinois, y a las autoridades civiles locales. Las diócesis también informan de la denuncia a estos organismos, y ofrecen la ayuda de un coordinador de asistencia a las víctimas a la persona que sufrió los abusos. El coordinador de asistencia a las víctimas escucha, afirma y pone en contacto a la persona con los servicios pertinentes. Esta misma atención pastoral se ofrece cuando el presunto agresor ha fallecido.

La diócesis emprende entonces una investigación sobre la denuncia de abusos. Se sigue el mismo proceso de investigación cuando el sacerdote o diácono acusado ha fallecido o ya figura en la lista diocesana de acusaciones creíbles de conducta sexual impropia con menores. Si el sacerdote o el diácono está en ministerio activo, se lo retira mientras se lleva a cabo la investigación y se le informa de su derecho a recibir asistencia jurídica. Si las autoridades públicas llevan a cabo una investigación penal contra el clérigo, la diócesis pospone su propia investigación hasta que concluya esa investigación pública, y coopera plenamente con las autoridades civiles.

Tras la investigación diocesana, las acusaciones contra los clérigos que no estén en la lista pública diocesana se presentan ante la junta de revisión diocesana. La Carta exige que este panel esté compuesto por una mayoría de laicos no empleados por la diócesis y que incluya a un párroco y a una persona experta en el trato de menores que han sufrido abusos sexuales.

La junta de revisión asesora al obispo en su evaluación de las acusaciones y de la idoneidad del clérigo para el ministerio. Los sacerdotes o diáconos a los que se les presentan acusaciones creíbles son apartados del ministerio de manera permanente y colocados en la lista diocesana, que se publica en el sitio web diocesano. Cuando se comprueba que la acusación es infundada, el clérigo regresa al ministerio activo.

El informe más reciente sobre la aplicación de la Carta, fechado en mayo de 2022, muestra el impacto del compromiso de la Iglesia Católica con la protección de los menores y los adultos vulnerables. El número de acusaciones creíbles denunciadas contra el clero en todo el país ha disminuido de un máximo de 162 en el período de cinco años entre 1970 y 1974 a cuatro en 2021. Te animo a que leas el informe en el enlace siguiente: www.usccb.org/offices/child-and-youth-protection/audits

Las políticas, los procedimientos y los datos informan sobre nuestra vigilancia contra los abusos, pero nunca debemos perder de vista a la víctima/sobreviviente. Afortunadamente, no han surgido nuevas acusaciones creíbles durante el tiempo que llevo en la Diócesis de Joliet, pero guardo en mi corazón un mantra que aprendí mientras servía como vicario general de la Arquidiócesis de Chicago:  “Cualquier decisión que tomemos debe hacerse como si el niño estuviera en el centro de la habitación”.